Nacido en El Molino, La Guajira, Osmel Meriño Manjarrez es un excelso exponente de la música vallenata. Con una carrera que abarca más de cuatro décadas y cerca de 30 discos grabados, Meriño se ha forjado un espacio propio en el exigente pentagrama de la música popular del país gracias a su maestría y originalidad en la ejecución del acordeón.

Osmel Meriño creció entre melodías, historias y tradiciones que dieron forma a su estilo único y virtuoso en la digitación del acordeón, un instrumento que desde joven se convirtió en su inseparable compañero a pesar de que antes de descubrir su magia interpretaba la guacharaca en el conjunto fundado por Agustín, su hermano mayor, conocido justamente como Los Hermanos Meriño.  Esta agrupación grabó su primer LP en 1976 “al lado de ese gran cantante que es Elías Rosado”, dice Osmel. Fue una ocasión feliz luego de que su primer llamado a un estudio de grabación se convirtiera en un monumental malentendido que lo dejó a él y a sus hermanos a la deriva en una ciudad extraña.

La historia de esa fallida grabación merece hacer parte del extenso anecdotario de la música vallenata. El asunto es que un día cualquiera Agustín Meriño, líder de la agrupación, recibió un marconigrama de Codiscos para que el novel conjunto grabara su primer LP. “Lo raro es que no mandaron nada, ni pasajes ni viáticos… nada”, recuerda Osmel.

Eso no los arredró. Ni cortos ni perezosos salieron rumbo a la capital de Antioquia a cumplir el sueño de llevar a la pasta sonora su propuesta musical. Pero cuando llegaron a la populosa Medellín se dieron de cara con noticia desalentadora de que la invitación no era para ellos sino para las Hermanas Meriño, unas religiosas de un convento del interior del país que se dedicaban a hacer música cristiana. “Y hemos quedado nosotros mirándonos la cara los unos a los otros. No teníamos ni para volver al hotel donde nos habían acomodado en una habitación múltiple por 600 pesos”. Afortunadamente, la esposa de Agustín y comadre de Osmel vendió unas mercancías que había llevado y pagó los taxis y el hotel.

Lo que vino a continuación fue recoger los motetes y tomar el rumbo de La Guajira en condiciones precarias. Prueba de ello es que para llegar a su destino tuvieron que ponerse imaginativos. Antes de entrar a Montería, que era hasta donde les alcanzaban los pasajes, echaron mano de los instrumentos e interpretaron varios temas de los conjuntos vallenatos más conocidos. Previamente Agustín les contó a los adormitados pasajeros los pormenores de la desafortunada confusión que literalmente los había dejado viendo un chispero. El discurso y la música rindieron su fruto ipso facto. “Como mandados de Dios en el bus venían dos barranquilleros tomándose una garrafa de Aguardiente Antioqueño y empezaron a pedir más yuca, que era como en ese tiempo le decían al vallenato”, dice Osmel entre risas.

Cuando arribaron a Montería los agradecidos borrachines les dijeron que no se preocuparan, que ellos respondían por los pasajes y la comida del grupo hasta Valledupar, siempre que siguieran tocando esa “yuca tan sabrosa”. Trato hecho, dijeron los Meriño.  

Después de esa pequeña odisea, dieron a la luz dos trabajos discográficos con Elías Rosado: Negra querida y El gallo en cuerda, porque –explica Osmel- “antes se grababan dos LP por año”, pero la separación fue rápida “porque Elías se fue a estudiar a Bogotá”.    

El encuentro con Silvio Brito

Tras su separación de Elías Rosado, los Hermanos Meriño dieron con una de las grandes voces de la música vallenata: Silvio Brito Medina, quien hacía poco había ganado el Festival del Fique de La Junta. Ese encuentro fue altamente fructífero para uno y otros y se tradujo en 8 producciones musicales.

El primero de esos trabajos fue prensado en 1977 y se titula Amor eterno en el que están incluidos, entre otros, Llegaste a mí y Huellas de un recuerdo. La historia, que ha sido contada muchas veces por sus protagonistas, es que por esos días Silvio Brito regresó a su natal Fonseca a hacer diligencias para adelantar sus estudios de bachillerato. Entonces lo alcanzó la noticia de que unos músicos de El Molino andaban en su busca para que prestara su voz al conjunto fundado por ellos. Eran, por supuesto, los hermanos Meriño, “que no sabían que yo estaba en Bogotá hacía tiempo, pero ellos me estaban buscando porque estaban sin cantante. Y grabamos Llegaste a mí, que fue un éxito total en Bogotá. Había emisoras en Bogotá, emisoras ortodoxas, que no colocaban vallenato. Pero llegó ese éxito y todas las emisoras colocaban esa canción”, puntualiza Brito Medina [1].

Sobre este tema, Osmel recuerda que a él y a Silvio Brito les toco hacer un largo periplo por la antigua provincia de Padilla para convencer a su autor de que les entregara la pieza que a la postre devino una de las más sonadas de aquella producción musical. De hecho, “lo primero que hicieron fue buscar a Roberto Calderón, un joven y promisorio compositor que adelantaba estudios universitarios en Barranquilla, a quien Beto Zabaleta le había grabado una canción. Tenía ya un reconocimiento ganado en franca lid, junto con Hernando Marín. Lo rastrearon hasta en los caseríos más recónditos de La Guajira, le enviaron razones y le hicieron señales a través de diversos medios. Calderón apareció en San Juan del Cesar, ante Osmel Meriño, un día antes del viaje a Medellín para realizar la grabación. Les dio Llegaste a Mi [2].

Hace tiempo conocí

Una mujer muy sencilla de bonita condición

Que siendo mi gran amiga

Me contaba y me contaba cualquiera preocupación.

Fueron pasando los días

Y el cariño persistía

Fueron pasando los días

Y el cariño persistía

Como los rayos del sol

Al atravesar las nubes para brindarnos calor.

(Llegaste a mí, Roberto Calderón).

De este LP se desprendería otro éxito rutilante:

Las huellas de un recuerdo

Que me causa sentimiento

Las llevo aquí en el alma, convertida en sufrimiento

La huella de tu amor quedó pintada

Como calcomanía en mi pensamiento

(Huellas de un recuerdo, Julio Valdeblánquez).

Con Amor eterno, Osmel Meriño no solo obtuvo un gran reconocimiento, sino que le presentó al país vallenato al que hasta hoy es conocido como La voz más clara del vallenato, cuya carrera, a partir de la publicación de aquel trabajo musical de impecable factura, inició una curva ascendente e imparable. Y es que Huellas de un recuerdo y sobre todo Llegaste a mí se posicionaron en poco tiempo como los más solicitados por la audiencia en las estaciones de radio y las tiendas de disco. “A los dos meses, la canción se había disparado en todo el país y el disco –titulado Amor eterno y conformado por diez canciones– empezó a ser comprado al por mayor en las distintas casas disqueras de Colombia”, precisa Jaime de la Hoz Simanca.

Después de esa exitosa jornada, Osmel y sus hermanos convocaron a varios cantantes para dar a la luz producciones musicales que les permitieron mantenerse vigentes en la escena musical vallenata. De esta lista hacen parte Romualdo Brito López, Plinio Rico, Raúl Brito, Sergio Guzmán, Luis Vence, entre otros. Fueron más de 10 producciones las que realizaron por esos años hasta que se produjo el reencuentro de Osmel Meriño con Silvio Brito. 

Vallenato y llanero

En su nueva etapa con Silvio Brito, Osmel Meriño, que ya tenía su marca propia, se mantuvo fiel a su estilo, al tiempo que exploraba nuevas formas de expresión musical con la adaptación de temas del folclor llanero al formato vallenato.

Canta el llanero si tragándose el camino

Cual centauro majestuoso

Se encuentra con el jilguero

Ay mi llanura

Embrujo verde donde el azul del cielo

Se confunde con tu suelo

En la inmensa lejanía.

(Ay, mí llanura, Arnulfo Briceño).

El poderoso dúo igualmente le entregó al público temas que ya hacen parte de la memoria musical del país y en general del cancionero popular de América Latina:

Historia de amor (Nelson Fuentes)

No pensé que al pasar el tiempo

Después de olvidarnos todo fuera así

No imaginé que en la distancia

Al pasar los años te encontraría a ti.

Puse a vagar mi cariño

Y en el camino solo estabas tú

Viajaba mi pensamiento

Y el pasajero que encontré eras tú.

En carne propia (Luis Egurrola):

Dile a quien te pregunte por mi vida

Que has dejado en mi amor tantas ausencias

Que me quedo vagando en el olvido

Como el eco fugaz de tus promesas…

Sobre mi vida y la tuya (Iván Ovalle)

Yo sé que si hay barreras

en medio de los dos

y me duele saber

que no puedes saltar

Estás tan ausente de mi amor

y quien diría que yo

no tengo el corazón

tan fuerte como el sol

para entonces esperar

Yo soy el rebelde luchador y el hijo del amor

que a ti te conquistó porque tal vez miro

por ti el fondo del mar.

A mis hijos por qué (Mateo Torres)

Si te preguntan por mí no mientas,

creo lo mejor es callar y acepta

que tu fallaste también.

lo que me digan de ti me afecta

porque el dolor de tu mal me cega

y no sé pa donde coger

Camino sin dirección

ni barco sin timonel

que no sabe a dónde va

y un vendaval interior

siento en las venas correr

arrebatando mi paz.

Tras su reencuentro, Meriño y Brito grabaron 7 producciones completas y varias colaboraciones para la colección Fiesta vallenata:

1989 Oscuro y claro

1990 Apaga la luz

1991 Nadie nos puede vencer

1993 Un mundo nuevo

1994 El amor es así

1995 Tiempos de gloria.

2001 Con más sentimiento.

El legado de un maestro

La trayectoria musical de Osmel Meriño está marcada por un profundo respeto por las raíces del vallenato tradicional. Y no podía ser de otra manera, pues su comarca natal es cuna de uno de los grandes forjadores de ese vallenato que la Unesco llamó a preservar y proteger a través de su famosa pero poco atendida declaratoria. Se trata de Francisco Irenio Marzal, Chico Bolaño, “un músico andariego que nunca dejó de caminar guiado por una incontenible necesidad espiritual de compartir sus saberes y virtudes musicales, sembrando y diseminando sin detenerse, como la misión que recibió de ese folclor que lo consagró y lo ubicó en uno de los sitios más privilegiados de nuestra historia musical”.[3]

Este hecho, es decir, el apego de Meriño a los cánones tradicionales de la música de acordeones, le permitió erigirse en pieza clave para la consolidación de agrupaciones icónicas del género, cuya vigencia está fuera de toda discusión. Su discografía es amplia y diversa e incluye obras que desde hace rato hicieron tránsito a la exigente antología de la leyenda vallenata. 

A lo largo de su carrera, en efecto, ha colaborado con importantes y reconocidos intérpretes del vallenato, contribuyendo a enriquecer el repertorio clásico y a mantener viva la esencia de esta tradición musical. Su capacidad para interpretar a la perfección los aires vallenatos (puya, merengue, son y paseo) ha sido aplaudida tanto por la crítica más rigurosa como por el público en general, consolidándolo como un maestro del acordeón. “Osmel es sin duda uno de los grandes acordeoneros que tiene nuestra música vallenata. Es de los que tiene mayor identidad musical. Uno escucha cualquier canción de Osmel Meriño, por nueva que sea, y sabe enseguida que esas son sus notas”, señala el compositor Luis Murgas Rumbo.

Ahora bien: el reconocimiento de que goza Osmel Meriño entre sus congéneres de oficio se plasmó en el disco –homenaje 40 AÑOS DE VIDA ARTÍSTICA, un álbum que reúne 14 de sus más grandes éxitos en las voces de Beto Zabaleta (De un diamante a un rubí, Carmentea, Linda Molinera), Poncho Zuleta (En carne propia), Silvio Brito (Negra querida, Por no querer perdonar), Jean Carlos Centeno (Llegaste a mí), Marcos Díaz (Así es mejor), Luis pade Vence (Tate quieta Mile), Fabián Corrales (Historia de amor), Erik Escobar (Oscuro y claro), El mono Zabaleta (A mis hijos por qué), el churo Díaz (Huellas de un recuerdo).

Pieza clave para la concreción de este proyecto fue su amigo, paisano y colega Alberto Zabaleta Serrano, quien no solo interpretó tres de los temas que aparecen en el CD, sino que convenció a Poncho Zuleta de que participara de esa grabación en carne propia. Y sería precisamente El pulmón de oro quien le pondría la nota jocosa a ese portentoso compendio de cantos provincianos. Osmel lo recuerda con una amplia sonrisa: “Cuando termina de grabar la canción, yo le digo: “Maestro, pa que me eche unos saluditos… él me quedó mirando, soltó la carcajada y dijo: ¡Ya te vaí a rebuscá, Meriño!, ¡ya te vaí a rebuscá..!”.

Meriño ha sido además mentor de nuevas generaciones de acordeoneros, compartiendo su experiencia y conocimientos con quienes están llamados a mantener viva esta manifestación cultural. Al respecto el cantante Sergio Guzmán, quien grabó un disco con Meriño en 1995, señala que el molinero es una de las cifras más altas de los aires provincianos. “El maestro Osmel Meriño es un acordeonero de talla, dueño de un estilo muy particular y profesional, un estilo muy original”, precisa Guzmán.

El cantautor Marcos Díaz, por su parte, no duda en afirmar que Osmel Meriño exhibe un estilo único en la interpretación del icónico instrumento y que es sin duda un símbolo del talento musical de los molineros, lo cual no es decir poco, pues El Molino le ha dado a la música más popular del país artistas de la talla de Elías Rosado, Néstor Suárez, Beto Zabaleta,  Wilmar y Robert Oñate, Armando Zabaleta, José Díaz, Luis Vence, Marcos Díaz, José Bolaño, Erick Escobar, Rodrigo Zabaleta, Manuel Salinas, Alfredo Celedón, entre otros.

El legado de Osmel Meriño es fruto de décadas de trabajo y pasión y por tanto seguirá inspirando a músicos y amantes del vallenato. Así ha sido reconocido por la Asamblea departamental de La Guajira y el Senado de la República que en sendos homenajes exaltaron tanto la fructífera trayectoria de Osmel como la de sus hermanos, incluida su hermana Fabriciana Meriño Manjarrez, “una jovencita que pasó a la historia del vallenato cuando, con tan solo 16 años, pocas semanas antes de que el mundo se sacudiera con la célebre revolución estudiantil de Mayo del 68,  se subió a competir en la tarima del primer Festival de la Leyenda Vallenata”[4]

Fabri Meriño, como se le conocía cariñosamente, pereció en un accidente de tránsito el 23 de noviembre de 1971 luego de realizar una presentación en la ciudad de Medellín con el conjunto de Aníbal Velásquez, hecho luctuoso que marcó para siempre a los Meriño Manjarrez. 


Página Web del Plan Especial de Salvaguardia en La Guajira

Como parte fundamental en la difusión de los hallazgos recopilados durante la etapa investigativa del proyecto Tras las Huellas de los Juglares Guajiros, Investigación en el Marco del Plan Especial de Salvaguardia de la Música Vallenata Tradicional, en los Municipios de El Molino, San Juan del Cesar y Fonseca, Departamento de La Guajira, se creó la página web https://pesvallenatoguajira.org/.

En esta se hallan textos, imágenes, videos, códigos QR y enlaces donde se contiene, corrobora y amplia toda la información generada durante la implementación de las etapas anteriores del proyecto, así como de procesos similares anteriores y posteriores a este.

Esta investigación fue posible gracias al programa Recursos del Impuesto Nacional al Consumo (INC), que abandera el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes y es liderado en la región por la Gobernación de La Guajira a través de la Dirección de Cultura, que orienta el señor José Emilio Sierra Argüelles.

Coordinación: Carlos Yesid Lizarazo.

Investigación y textos: Orlando Mejía Serrano

Asesoría: Mario Alfonso Puello Barbosa


[1] El Mundo de Aco. 2024. https://www.youtube.com/watch?v=_vIhRVdH0jw

[2] De la Hoz Simanca, Jaime. Son Guajiros. 2011.

[3] Oñate Martínez, Julio (2021). Chico Bolaño, sin rumbo fijo. https://elpilon.com.co/chico-bolano-sin-rumbo-fijo/

[4] Martínez Polo, Liliana. 2023. Fabriciana ‘Fabri’ Meriño, la acordeonera perdida en la historia del vallenato. https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/fabri-merino-la-historia-de-la-acordeonera-perdida-del-vallenato-817869